UN RINCÓN BALINÉS FRENTE AL MEDITERRÁNEO

A tan solo 30 minutos de Barcelona y a escasos metros del Port de Ginesta se esconde uno de esos lugares que parecen pensados para bajar revoluciones. Punta Roca se encuentra en Castelldefels, conectado por dunas naturales que separan esta cala del puerto deportivo y que actúan como frontera simbólica entre el bullicio y la calma. Al cruzarlas, el ritmo cambia. Considerado uno de los mejores chiringuitos de la costa, Punta Roca El Mediterráneo se mezcla con una estética inspirada en las playas balinesas, creando un pequeño paraíso donde la desconexión es casi inmediata. Madera, fibras naturales y una decoración cuidada se integran con vistas directas al mar y al imponente macizo del Garraf, que completa el paisaje. El día empieza con un desayuno tranquilo, tumbado en la hamaca y con el sonido del mar de fondo.

A media mañana llega el picoteo para el vermut; al mediodía, platos fríos pensados para combatir el calor, y al caer la tarde, cócteles de autor que se disfrutan al ritmo de DJ sets que acompañan sin invadir. Cuando baja el sol, Punta Roca se transforma sin perder su esencia relajada.
Los grandes protagonistas, eso sí, llegan desde la brasa. Lubina, calamares, gambas, sardinas y pescados de temporada se preparan al punto justo, con el vaivén de la brisa marina como aliño natural.

Entre las carnes, destaca la costilla de vaca, cocinada a baja temperatura antes de pasar por la parrilla y terminarse con salsa Cumberland. ¿El resultado? Sabor, calma y la sensación de haber encontrado el mejor rincón del mundo.